España

Humildemente, maestro
                                              Sergio Borao Llop



Reconozco el salitre de sus pulidos versos,
la atlántica firmeza que los parió desnudos
la sangre enamorada que amamantó su fuerza
y el agudo chirriar de los ferrocarriles
que unen patrias y mares y llevan esperanzas.

De lucha, amor y fierro crecieron las palabras,
su luz se fue expandiendo por pueblos y senderos,
la paz del caminante fue la explosión secreta
que prestó alas al verso para poblar las sierras
donde los campesinos vieron crecer la vida,
donde se hizo mujer la fértil resistencia.

Hoy esa voz nacida de la roca
callada está, su grave resonancia
dejó paso a su indómito recuerdo.

La cordillera estremecida de su verbo
se hizo tuétano en las almas de los pobres.
Hoy, nosotros, lo que queda del pueblo malherido,
hemos querido entonar un canto hacia la aurora,
y en su memoria esparcirlo por el viento
como una ofrenda matinal que verifique
su presencia vital desde la tierra
que le cobija. Gracias.
                                  Gracias don Pablo
por enseñarnos el hierro y los volcanes,
por su recia testuz de militante,
por las navegaciones estelares
por las espigas, los navíos, las quimeras
por la fe y por el clamor de las montañas
que un día se alzarán incontrolables
contra los viles verdugos de la tierra.

A Don Pablo Neruda



No me busquéis
                                              Sergio Borao Llop



Cuando, olvidados ya de mí y de mis quimeras,
tal vez echéis de menos mis manos en la noche.
Cuando, perdidas ya las pistas de mi risa,
caminéis por el filo de una voz enemiga.
Cuando mueran los trigos.
Cuando desaparezca...

No me busquéis en casas decoradas
por artistas del lujo y el boato.
No me busquéis en cálidos despachos
ni entre alfombras, cortinas o lámparas antiguas.
No me hallaréis tampoco entre las gentes
que, despreciando al hombre, conversan vanamente
con vacías palabras que nada significan.

No estaré con aquellos que filtraron
(sin piedad, sin rubores)
gota a gota la sangre de los pobres
para hacer de cada vena un instrumento
de riqueza enterrada en sus bolsillos.

Buscadme en el sepelio de una hoja
brutalmente arrastrada por el viento.
Tal vez en las aceras, entre las multitudes,
solo,
contemplando el ocaso de un insecto
o el cambio de colores de un semáforo.

Ahogándome quizás tozudamente
en gigantescas fuentes de nostalgia,
o prendido de un silbo
recorriendo recuerdos.

También me encontraréis enredado en la hiedra
que crece por los muros del eterno
rayo que hirió mi piel y no se apaga.
Tal vez esté subido en una estrella
o escarbando la tierra malherida
o cantando a la luna mis desvelos
o arrullando las aguas del arroyo
o a la orilla nocturna de ese mar compañero
de viajes y esperanzas, de ese mar que me ama.

Jugando con las ninfas sobre una flor de loto,
en el curso de un río al norte de mi aldea,
comentando con un almendro amigo
las últimas promesas del otoño
o el tono grisverdoso del crepúsculo.

Allí me encontraréis sinceramente vuestro
si me buscáis en pie, sin veleidades.

Quizá malhumorado, alegre, deprimido,
confuso, triste, solo, emocionado,
feliz, cansado, incierto...
pero vivo.




Tu nombre es una lluvia interminable de amapolas.
                                              Sergio Borao Llop



Tu nombre es una lluvia interminable de amapolas.
Una cascada azul que invita al vuelo y a la dicha.
Una espiga de luz que se arracima
en la cúpula de un verso apasionado.

Tu nombre, amor, es una flor entre mis labios,
un gemido que nunca termina de estallar,
una brisa oceánica que se abraza a mi pelo
bajo el pausado influjo de las olas que rompen
contra el acantilado pronunciando tu nombre.

Tu nombre es un torrente de amor que me desboca,
una caricia tenue de las ninfas del viento
que juegan a tatuar tu nombre en mi recuerdo
con un dulce sonido que presagia ternura,
con una leve música que llena mi añoranza.

Tu nombre, amor, es el tronar del mar bajo tus alas,
es la tierra soñada que nadie supo hallar,
es un vaso de almíbar meciéndose en mi mano,
un embrujo de nácar que mis labios enciende,
el sueño que los ángeles desearían soñar.

Tu nombre es el altar donde mi nombre
se hace paloma errante y a tu nombre se amarra
como un fuego sagrado que nunca ha de cesar.


 


Sergio Borao Llop. Nací en Mallén, pueblecito de la provincia de Zaragoza (España) un 25 de Diciembre de 1960.
Pocos años después, mi familia se trasladó a Zaragoza, ciudad en la que ha transcurrido mi vida. Con 14 años, comencé a trabajar en una imprenta para pasar después por varias encuadernaciones.

En 1984 me casé, separándome siete años después. En los últimos años he sido colaborador en varias publicaciones de ámbito local y nacional. Actualmente, soy coordinador de contenidos en el portal de internet www.aragonsport.es

Finalista en los certámenes de Poesía y Relatos "Ciudad de Zaragoza 1990"

Libros de cuentos:
El Alba sin Espejos
Reflejos, intrusiones, imposturas

Poemarios:
La estrecha senda inexcusable
El rostro prohibido
Metropolicromía
Itinerarios hacia ti
El Horizonte traicionado
Viñetas y Recuerdos
Despertar en el zaguán
Extrañamientos y rescates
Destierro
Mariela
Por si mañana no amanece

Material Publicado:
Las carreteras, cuento. Antología Relatos Zaragoza 1990
Feria, cuento. Revista Nitecuento nº 13
La estrecha senda inexcusable, poemas. Poemas Zaragoza 1990
Paisaje sin Batalla, cuento. Revista Nitecuento nº 16
Espíritu de la Plaza, cuento. Antología "Callejón de palabras" (Mizar)
Poemas. Antología "Poemas quietos" (Mizar)

sbllop@aragonesasi.com
http://www.aragonesasi.com/sergio/index.htm
http://blogia.com/sbllop

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